Prendiendo velitas...


Muchos han rogado por un milagrito que nos ayude en momentos difíciles...aún en estos tiempos y vemos incredulamente como van apareciendo y desapareciendo las animitas milagrosas ...

Rumbo a Chillán por la entrada norte de la carretera...aún sigue este fervor de algunos que ha sobrevivido al tiempo, a la modernidad y a su perceptible traslado. Decenas de pequeñas construcciones lo conforman...

Ya en el sitio se puede observar que solo unas pocas están con velitas encendidas...el resto esta visiblemente abandonado.
Se pueden leer las placas que testimonian los "favores concedidos", con variadas fechas...mensajes que dan fe del tiempo que llevan...y los milagros ocurridos...entre el polvo y las velas derretidas...muletas...flores, juguetes, ropas de trabajo...

Es un pequeño espacio...a un costado de la carretera...donde pasan raudos cientos de vehículos, junto a una fábrica y un estacionamiento de camiones...y aún así es un descanzo...

Galería de Imágenes


Finadito Raimundo.

Las animitas son muy frecuentes en la zona de Chillán.
Centenares de velas prenden todo el año quienes creen en estas almas que se quedan cerca de donde a sus dueños los sorprendió la muerte. Desde allí, dicen, atienden las peticiones.
Generalmente son casos que han causado gran conmoción o interés mediático. Una de las más famosas es el ánima del “finaito Raimundo” en Chillán, que nació como una construcción de carretera de esas típicas casitas con una cruz, pero que se ha convertido en una verdadera ciudad que ha ido creciendo desde 1902. La historia dice que allí murió asesinado Raimundo Venegas, hijo de Pantaleón Venegas, a manos del bandolero Hipólito Campos, quien lo asaltó para robarle.
Raimundo venía en su cabalgadura desde San Nicolás a comprar a Chillán, como era habitual a principios del siglo pasado, con el dinero correspondiente a la venta de unos animales. El criminal, además de quitarle su dinero, habría actuado con extrema crueldad y lo habría ultimado a pesar de sus súplicas.
Con el tiempo, como todos los habitantes de San Nicolás que viajaban a abastecerse a Chillán usaban esa misma ruta, fue creciendo el fervor por el “finaito Raimundo”.
Como además el lugar está a un costado de la que fue la Panamericana Sur, que atravesaba Chillán de norte a sur prácticamente por el centro, la animita milagrosa alcanzó estatus nacional y continuó creciendo físicamente en estructura, en fama y popularidad.
Hoy mantiene un culto vivo y es una de las animitas más prestigiosas del país.